Caperucita Roja

Informante/procedencia:  Laura Lisi, Italia.


Érase una vez un niña que se llamaba Caperucita Roja. Se llamaba Caperucita Roja porque su abuelita le había regalado una caperuza de color rojo que a ella le gustaba tanto, tanto, tanto que se la ponía todos los días y por eso la llamaban Caperucita Roja.
Un día su mamá le dijo:
– Escucha, Caperucita. La abuelita está enferma en su casa y no puede salir, llévale la merienda, por favor.
Y Caperucita Roja dijo:
– Sí, sí, sí.
– Pues entonces coge la cesta con un poco de pan y una botella de vino para la abuela. Pero, atención, que la abuela vive en el bosque. No hables con desconocidos y no dejes el camino. Recto por tu camino y tranquila.
– Sí, sí, mamá. No te preocupes.
Entonces Caperucita ha cogido su cesta, se encamina hacía el bosque y al cabo de un rato encuentra al lobo.
– Buenos días, señor Lobo.
– Buenos días, Caperucita. ¿A dónde vas tan contenta con la cesta?
– Voy a llevarle la merienda a la abuelita que está enferma en la cama y no puede salir.
– Ah, muy bien. Buena niña. Oye, ¿dónde vive tu abuelita?
– Vive por allí. ¿Ves aquellos árboles, al fondo del bosque?
– Ah, muy bien, muy bien. Oye, por el bosque hay muchas flores bonitas. ¿Por qué no recoges un bonito ramo de flores para tu abuela?
– Ah, ¡qué buena idea, señor Lobo! Gracias, gracias.
Y Caperucita Roja empezó a recoger flores. Mientras tanto el lobo, corre, corre, corre, corre para llegar rápidamente a casa de la abuela. Y llama a la puerta:
– “Toc, toc, toc”.
– ¿Quién es?
– Soy Caperucita Roja.
– Ah, guapa. Entra, entra. La puerta está abierta.
El lobo entra, salta sobre la abuela y se la come de un solo bocado. Entonces el lobo se pone el camisón de la abuela y el gorro de dormir, y se mete en la cama a esperar. Al poco rato llega Caperucita Roja, con su cesta y sus flores.
– “Toc, toc, toc”.
– ¿Quién es?
– Soy Caperucita Roja
– Entra, entra que estoy en la cama.
Caperucita entra y se encuentra acostada a la abuela. Se acerca y le dice:
– Abuelita, ¿pero que brazos más grandes tienes hoy?
– Es para abrazarte mejor, bonita mía.
– Pero ¿qué orejas tan grandes tienes?
– Son para oírte mejor.
– Pero ¿qué ojos tan grandes tienes?
– Es para verte mejor.
– Pero, abuelita, ¿qué boca más grande tienes?
– ¡Es para comerte mejor! Aaaammmm.
Y se la come de un bocado. Y todo contento el lobo con la tripa llena se tumba en la cama, se duerme y empieza a roncar. Pasa por allí el cazador y oye esos ronquidos tan fuertes, ve la puerta abierta y dice:
– Uy, la abuelita no está bien.
Entra dentro y ve al lobo acostado en la cama de la abuela. Dice:
– ¡El lobo se ha comido a la abuela! ¿Y ahora qué hacemos?
Ve un cuchillo grande, abre la tripa del lobo y salen las dos: Caperucita y la abuelita. Sanas y salvas.
– ¿Cómo hacemos para matar al lobo?
Caperucita Roja tiene una idea y dice:
– Ah, yo voy a hacer una cosa.
Va afuera, coge piedras. Llena la tripa del lobo de piedras y la cose. Al rato se despierta el lobo con la tripa llena de piedras, intenta levantarse, no puede y… muere.
Y el cuento se termina.

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