El lobo y el conejo

Informante/procedencia:  Fatumata Dampha, Gambia.


Todos los animales pasaban mucha hambre porque no había comida. Había un lobo y un conejo que eran amigos. Un día el conejo estaba cocinando un huevo para comer cuando llegó el lobo a su casa para pedirle un poco de fuego para cocinar. El lobo al entrar a coger el fuego vio que el conejo tenía un huevo cocinando. El lobo lo miró interesado pero no le preguntó nada al conejo. El lobo cogió un poco de fuego y se fue a su casa. Al rato regresó a casa del conejo y le dijo:
– Amigo Conejo, mi fuego se ha apagado. ¿Me puedes dar más fuego?
El conejo le dijo:
– Vale, cógete otra vez fuego.
El lobo cogió otra vez un poco de fuego y se fue a su casa. Pero al rato regresó a casa del conejo y le dijo:
– Conejo, conejo, ayúdame, me duele la muela.
– ¿Dónde?
El lobo abrió mucho la boca para que el conejo pudiera mirar dentro y le dijo:
– Mete tu mano dentro, Conejo. Me duele atrás del todo.
El conejo, confiado, metió la mano dentro de la boca del lobo, pero él aprovechó para cerrarla bien fuerte, mordiendo al conejo. El lobo le dijo al conejo:
– Si tú me dices de donde has sacado ese huevo suelto tu mano.
– No, no quiero contártelo. Tengo miedo de contarte de donde he sacodo el huevo porque yo también lo he robado.
– ¿De dónde?
– Si te lo digo…Yo te conozco muy bien y tú no haces las cosas con cuidado. Si vas nos van a pillar y nos van a matar a los dos.
– Pues Conejo, si no me lo dices, no te voy a soltar la mano.
El conejo, al final, aprisionado por su mano, se lo contó. Le dijo:
– Yo he robado el huevo de la cueva del dragón. Fui a la casa de la dragona cuando ella no estaba y robé su huevo.
– Vale, yo también voy a ir.
– Vale. Quedamos mañana por la mañana. Cuando la dragona salga a tomar el aire entraremos y robaremos otro huevo.
A la mañana siguiente el lobo aviso a toda la familia, su mujer y sus hijos, y con ellos se fue a la cueva de la dragona. Todos llevaban sacos vacíos de arroz para llenarlos en la cueva de la dragona. Cuando llegaron allí vieron como la dragona salía de la cueva. Llegó también el conejo y le dijo:
Tienes que tener mucho cuidado porque la puerta solo se abre con unas palabras mágicas secretas. Para abrir la puerta la dragona dice en el idioma de los animales: «Cruele». Para cerrar la puerta dice: «Curtac».
Como el conejo no quería volver a robar en la cueva del dragón, después de enseñarle todos los trucos, se fue. El lobo se quedó delante de la cueva con su familia para llenar todos sus sacos y dijo: «Cruele». La puerta se abrió y entró en la cueva con toda su familia. Pero a la hora de salir el lobo olvidó la palabra para poder salir. El lobo repetía y repetía: «Curtac»,«Curtac» y cuanto más lo decía más cerrada estaba la puerta. El lobo no podía salir con su familia cuando de repente oyeron que regresaba la dragona.
La dragona dijo: «Cruele», y la puerta se abrió.
Nada más entrar la dragona ha visto a toda la familia del lobo llenado sus sacos con todas sus cosas. La dragona enfadada dice: «Curtac» y la puerta se cerró.
La dragona enfadada le dijo al lobo:
– ¿Qué haces tú aquí?
El lobo asustado le dice a su familia:
– Vamos a colgarnos del tejado para que no se nos coma.
Enseguida subieron todos al tejado y se quedaron allí colgados. La dragona los miraba y se quedó abajo esperando. Al cabo de un rato los hijos del lobo empezaron a cansarse de estar colgados del tejado con sus manos y el más pequeño le dijo:
– Papá, mis manos están cansadas.
– Pues cógete al tejado con tus dientes.
– Pero mis dientes también están cansados, papá. No puedo más.
– Vale, pues tírate abajo para que la dragona te coma. No pasa nada, porque si tu madre y yo no morimos podemos tener otros hijos.
El pequeño, cansado, se tira.
El lobo tenía tres hijos.
Al cabo del rato los otros dos hijos también están cansados y le dicen lo mismo.
– Papá, nuestras manos están cansadas.
– Pues cogeros al tejado con vuestros dientes.
– Pero también están cansados, papá. No podemos más.
– Vale, pues tiraros abajo para que la dragona os coma.
Los hijos del lobo al final, cansados, también se tiraron. La dragona se los comió.
Al cabo de un rato la mujer del lobo le dice:
– Marido, yo también estoy cansada. Mis manos no pueden más.
– Pues cógete con los dientes, Sera.
– Mis dientes también están cansados.
– Pues agárrate con los pies, Sera.
– Mis pies también están cansados.
– Sera, si tú me dices que ya estás cansada eso es que ya eres muy mayor. ¿Sabes que voy a hacer? Si estás cansada, tírate. Si salgo de aquí con vida me buscaré otra esposa.
Sera, agotada, al final también se deja caer y la dragona se la come.
Ya solo quedaba el lobo y empezaba a estar muy cansado. Al final, el lobo le dice a la dragona:
– Dragona, estoy muy cansado. Sabes qué vamos a hacer, ve a buscar ceniza y así cuando caiga podrás comerme muy bien y estarás muy cómoda.
La dragona al oír aquello fue a buscar la ceniza para comerse también al lobo. La dragona trajo un montón de ceniza y la colocó debajo del lobo. El lobo, agotado, se dejó caer. Al saltar encima de la ceniza se levantó una gran nube de ceniza que no dejaba ver nada dentro de la cueva. Los ojos de la dragona se llenaron de ceniza y la dragona no podía ver nada. Mientras la dragona estaba quitándose la ceniza de los ojos el lobo aprovechó para coger un saco lleno de huevos, ir hasta la puerta y salir de la cueva escapando de la dragona pero sin su familia.
La madre del cuento se murió y mi madre vive.

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