La cabrita del señor Seguin

Informante/procedencia:  Maribonne Brun, Francia.


Yo voy a contaros el cuento de la cabra del señor Seguin.
¡Qué bonita era la cabrita del Señor Seguin! ¡Qué bonita era con su barbita, dulces ojos, sus pezuñas negras y su pelo blanco! Dócil, cariñosa, y obediente. Era un cielo de cabrita.
El señor Seguin vivía en una casita al pie de la montaña. Ató a la cabrita en un prado, a un árbol, dejándole mucha cuerda para ser libre.
La cabrita parecía feliz; pacía la hierba del prado, daba mucha leche y el señor Seguin estaba encantado.
Pero un buen día, la cabrita, le dijo:
– Escuche, señor Seguin. Yo me aburro aquí. Esta cuerda me hiere el cuello y me gustaría irme a la montaña, allá arriba.
– ¡Cómo, Blanquita! ¿No estás bien conmigo?
– No, yo no soy ni una vaca ni un burro para estar atada todo el día. Necesito comer, necesito libertad y quiero ir a la montaña, allí arriba.
– ¡Pero, infeliz! ¿No sabes que en el monte está el lobo? ¿Y qué harás cuando te lo encuentres?
– Me defenderé con mis cuernos.
– Ah, pequeña loca, ¡tus cuernos! El lobo ya se ha comido muchas cabras mucho más fuertes que tú.
– Por favor, señor Seguin, déjeme ir a la montaña.
– No, no y no. Tú no te irás de la casa. Y para eso voy a encerrarte en una cuadra.
Y la encerró en una pequeña cuadra, toda oscura, con la puerta cerrada con llave. Pero la pícara se dio cuenta de que la ventana estaba abierta y de un salto se escapó por ella.
Ella llega a la montaña y… ¡Qué feliz estaba la cabrita del señor Seguin! Ella retozaba, ella corría, saltaba de un sitio a otro. Ella saludaba a los árboles, saludaba a las flores, jugaba con los otros animales. ¡Estaba ebria de libertad!
Pero de repente, el monte se oscureció, el viento sopló, la noche cayó…
Oyó en el valle el cuerno del señor Seguin que decía:
– ¡Regresa, Blanquita! ¡Regresa, Blanquita!
Y el lobo, en la montaña, que aullaba: “Auuu, auuu”.
Y el cuerno, en el valle, que repetía:
– ¡Regresa, Blanquita! ¡Regresa, Blanquita!
Y el lobo, en la montaña, que aullaba: “Auuu, auuu”.
La cabrita no sabía que hacer.
– ¿Qué debo hacer? –se preguntó-. Volver a esta casa tan triste o quedarme en la montaña. Pero, ¿y si me come el lobo?
Y de repente, oyó un ruido de hojas a su lado. A su lado el lobo la miraba con sus grandes ojos malos y relamiéndose su hocico.
– ¡Ah, ah! La cabrita del señor Seguin. Carne bien fresca y bien tierna –oyó decir al lobo- ¡Esta noche voy a tener una buena cena!
Blanquita se vio perdida pero con mucho valor se enfrentó al lobo con sus cuernos. La lucha duró mucho tiempo, toda la noche, hasta que, al alba, sin fuerzas, la cabrita se tumbó en la hierba. Su pelo blanco estaba todo manchado de sangre.
Entonces, el lobo saltó encima de la cabrita y se la comió.
Cric, crac, croc, mi cuento se acabó.

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