La medida del amor materno

Informante/procedencia: Mario Lai, Italia, Isla de Cerdeña.

Introducción/información previa: Mario recuerda que su madre les contaba este cuento de niños.


Érase una vez, en un país no muy lejano que podría ser el nuestro, una mujer que vivía sola por las circunstancias de la vida. Probablemente porque era viuda. Está mujer tenía un hijo y tenía que trabajar mucho para sacar adelante a su hijo, educarlo y alimentarlo.
Entonces, esta madre se esforzó del modo mejor que pudo. Trabajaba lavando ropa, fregaba suelos, limpiaba casas y hacía todos los trabajos que ella podía para darle todo lo que necesitaba a su hijo. Y así resultó que con todo ese trabajo y su esfuerzo el hijo fue creciendo y estudiaba, y ella veía recompensado su esfuerzo. El niño crecía sano e inteligente y tenía todo lo que necesitaba: una buena cartera para ir a la escuela, cuadernos, lapiceros, pinturas… El niño poco a poco fue creciendo y los maestros de la escuela le dijeron a su madre que este niño era una promesa, muy capaz para estudiar. La madre cada día se esforzaba más y el niño seguía creciendo y estudiando más. Hizo el instituto y llegó a la universidad. Resultó que realmente era una persona muy capaz. Llegó al mundo del trabajo donde consiguió muchos éxitos y llegó a ser rico. Se casó con una mujer rica e inteligente como él y llegaron a tener una vida próspera y feliz con todas las comodidades que una persona pudiera desear.
El desarrolló de la vida del hijo, su madurez, corresponde con el envejecimiento de su madre, que de joven llega a adulta, de adulta llega a vieja, y de vieja llega a incapaz por no tener ya la fuerza suficiente para poder seguir trabajando.
Un día, después de mucho pensárselo y de tanta preocupación sin saber como terminaría su vida sin tener la fuerza para poder trabajar, pensó en ir a visitar a su hijo. El hijo vivía en una mansión. La madre llamó y salió a abrir una criada. La madre le dijo que venía a ver a su hijo y él se sorprendió mucho al verla.
Mamá, mamá, ¿cómo estas?
La madre le explicó que no era capaz de llegar a ganarse el sustento porque no tenía fuerza ni salud suficiente.
El hijo la llevó a la despensa de su casa que estaba toda llena de alimentos, legumbres, salami, vino, de todo… Y le dijo a su madre que no debía preocuparse. Cogió una cesta y comenzó a meter dentro de la cesta cosas que creía que su madre podría necesitar. Cogió un almud (una medida) y con él iba cogiendo alimentos, lo llenaba y lo enrasaba con la mano para meter la medida justa. Una medida de verduras, una medida de garbanzos, una medida de trigo. Y la madre al mismo tiempo que sentía la gratitud de que su hijo pudiera ayudarla ahora a ella, pensó viendo el modo en que su hijo metía los alimentos en la cesta, pensó que ella nunca jamás le había medido ni su trabajo, ni su esfuerzo, ni la leche con la que lo alimentaba cuando era niño.
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