Mi Gatica

Informante/procedencia: Adil el-Khalqi, Marruecos.

Introducción/información previa: Adill recuerda está canción que le enseñaron en el colegio. Pertenece al grupo Nass El Giwane, un grupo muy famoso de Marruecos que se funda a finales de los años 60 y que toma sus raíces en la cultura popular marroquí, además de ser muy reivindicativos políticamente.


Mi gatica es pequeña
Se llama Namira
Jugar con ella me divierte
Y ella para mí es como mi sombra
Muestra agilidad
Para cazar un ratón
Su aspecto es bonito
Su pelo largo.

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Juego de dedos del pollo

Informante/procedencia: Latifa El-Idrisi, Marruecos.


Uno tenía pollo, el otro tenía sal, el otro tenía comino y el otro tenía agua. Y el otro les dice:
Dadme un poco.
Y le dicen los demás:
No, no.
Pues se lo voy a decir al señor del gallinero.
Y le dice:
Y a mí que me cuentas… ve a decírselo al de los huevos.
Va corriendo y le dice:
Ve, corre, corre.

Paso a paso: Mientras se dice la última frase la mano sube por el brazo para hacer cosquillas en la axila.

Juego de dedos. Este ha comprado un huevo

Informante/procedencia: Nezha El Hajjaji, Marruecos.


Este ha comprado un huevo
Este lo ha cocinado
Este lo ha pelado
Este lo ha compartido
Este le ha preguntado dónde está su parte
Este le ha dicho que lo ha robado el gato
Este le ha dicho: ¿Dónde está el gato?
Este le ha dicho que ha caído en el pozo
Este le ha dicho: ¿Dónde está el pozo?
Este le ha dicho: Yo te enseño el camino del pozo
Y allí van, van, van, van
hasta que se han caído en el pozo.

Paso a paso: Como en otras ocasiones se van cogiendo uno por uno los dedos del niño o niña con cada enunciado. Al llegar al último se sube por el brazo para llegar a la axila, que será el pozo, y hacerle cosquillas.

El conejo y el elefante

Informante/procedencia:  Harouna Coulibaly, Mauritania.


Todos los años se celebraba una reunión a la que acudían todos los animales a la casa del león, el rey de todos los animales salvajes. Allí se contaban las cosas, discutían y se daban órdenes para el siguiente año.
El conejo salvaje era el animal más pequeño de todos los animales que allí se reunían. Cada año, cuando llegaba la fecha de la celebración de la reunión se ponía en el camino por el que pasaba el elefante. Todos los años cuando el elefante la veía, le preguntaba:
–    Tú, conejo, ¿qué haces aquí?
Dice:
–    Hombre, estoy aquí para ir a la reunión.
–    Yo también.
–    Quiero ir para allá, pero como voy más lento porque soy el más flojo de todos, estoy aquí, caminando hacía allá.
–    Yo también. -Dice el elefante- Bueno, súbete aquí.
El conejo trepaba hasta arriba del elefante y se quedaba en su dorsal. Cuando estaban llegando al pueblo el elefante le decía al conejo:
–    Bájate, conejo.
–    No, elefante, no.
–    Si llegamos allí y tú estás encima mío, la gente va a hablar de mí. Van a decir que te dejo subir y que te llevo. Así que, baja, baja, que ya hemos llegado. Baja.
Al final el conejo, baja.
Aquel año los animales hicieron la reunión y al final el conejo les  dijo a todos:
–    Yo soy el animal más pequeño, pero soy el más listo. Cada año cuando hay que venir a la reunión consigo que el elefante me traiga hasta aquí.
Los animales le respondieron:
–    No, eso no es posible. No. No te creemos.
El conejo les dice:
–    Sí. Sí, sí, sí.
El elefante que estaba oyendo toda la conversación le dijo al conejo:
–    Yo te hacía un favor a ti cada año para traerte hasta aquí y que no te cansaras, y ahora tú se lo cuentas a todos los animales. ¡Eso no es serio!
El conejo le respondió:
–    Pero tú lo haces, ¿no?
–    Sí, lo hago. Pero no tenías que contárselo a los animales.
Tras la conversación todos los animales se fueron.
Al año siguiente, el elefante volvió a la reunión, enfadado.
En el mismo lugar de todos los años, en medio del camino del elefante, se puso a esperarlo el conejo.
Al llegar allí el elefante vio al conejo. Enfadado como estaba le saludó pero no se detuvo como siempre, solo quería pasar. El conejo, viendo que no paraba, lo llamó y le dijo:
–    Elefante, tú, ¿qué? ¿No me preguntas nada? Yo estoy enfermo. Me parece que este año no voy a poder asistir a la reunión porque estoy muy malo.
El elefante le respondió:
–    Vale. Cada año te he llevado, aunque no estabas malo, porque eras el más flojo de todos los animales. Yo te dejaba subir encima de mí, pero el año pasado se lo contaste a todos los animales. Así que ya no pienso llevarte más.
–    Bueno, yo este año me parece que me quedaré aquí porque no puedo ir. Estoy enfermo.
Pero al final el elefante se lo miró y le dijo:
–    Bueno, vale. Sube. ¡Pero no se lo tienes que contar a nadie!
–    Vale.
El elefante cogió una vez más al conejo, lo subió encima de su espalda y empiezó a caminar. Cuando llegaron al pueblo, el elefante le dijo:
–    Conejo, baja. Baja y espabila para llegar tú solo hasta el pueblo.
–    No, elefante, por favor, llévame hasta la casa del león porque de verdad te digo que yo no puedo ni andar.
El elefante se lo quedó mirando, pero como el conejo era más listo, lo volvió a engañar. El elefante lo llevó encima hasta la casa del león.
Allí ya estaban reunidos todos los animales. Los únicos que faltaban eran el elefante y el conejo. Al llegar, todos pudieron ver que el conejo venía montado encima del elefante. El conejo orgulloso dijo:
–    Oh, mirad todos. El año pasado os conté como todos los años me traía el elefante encima suyo hasta la reunión. El año pasado lo negó ¿verdad? Y vosotros  no lo creíais. Y este año ¿qué?
–    Este año, todos vemos que estás encima del elefante.
El elefante enfadado dice:
–    ¡Qué malo eres, conejo! ¡Bájate, bájate!
Y así fue como el conejo engañó una vez más al elefante.
Donde (este cuento) yo he cogido, yo lo he metido.

El río Lataniers

Informante/procedencia: Agneta, Isla Mauricio

Introducción/información previa: Agneta recuerda con mucho cariño esta canción porque se la cantaba a su hermana pequeña que falleció.


Yo pasaba cerca del río Lataniers
y me crucé con una abuela muy anciana
Le pregunté que hacía allí
y ella me dijo que pescaba Cabot
Ay, ay, mis niños
Hay que trabajar para ganarse el pan
Ay, ay, mis niños
Hay que trabajar para ganar tu pan.

El clavo de Joha

Informante/procedencia: Nezha El Hajjaji, Marruecos.

Introducción/información previa: Nezha cuenta que este cuento explica una frase que se dice para las personas que son pesadas, que se aprovechan de los demás y que solo miran por su interés.


Joha necesitaba dinero y arrendó su casa a un prestamista. Pasado el tiempo el señor necesitaba recuperar su dinero, así que fue a pedírselo a Joha y le avisó:
–    O me devuelves el dinero o voy a vender la casa y recupero mi dinero.
–    De acuerdo, la puedes vender, pero el clavo que hay en la habitación seguirá siendo mío.
–    Bueno, por un clavo… Pues así será.
Y el señor vendió la casa.
Un día Joha regresó a su casa y llamó a la puerta.
–    ¿Qué es lo que quiere?
–    Quiero ver mi clavo.
–    Pase.
Joha entró, se quitó la chilaba y la colgó en el clavo.
Al día siguiente volvió a su casa, llamó y le dijeron:
–    ¿Pero qué quiere ahora?
–    Voy a recoger la chilaba que está en “mi”  clavo.
Joha recogió la chilaba, en su lugar dejó un camisón, y se fue.
A partir de ese día Joha volvía todos los días, recogía lo que había en su clavo y dejaba otra cosa. Tan pesado se hizo que al final el dueño de la casa se hartó y le dijo:
–    Déme lo que quiera por la casa y quédese con ella.
Y Joha la recuperó por un dinero que no era lo que valía la casa.

La ardilla y el conejo

Informante/procedencia: Allawourou Balde, Guinea Conakri.

Introducción/información previa: Cuento tradicional guineano en pular.


Érase una vez una ardilla que vivía en lo alto de los árboles y que todos los días iba saltando de árbol en árbol hasta llegar al campo que ella misma cultivaba.
Cuando llegó el tiempo de la recolección, el conejo hizo un camino desde su madriguera hasta llegar al campo de la ardilla. Y al día siguiente el conejo fue a hablar con el alcalde del pueblo para decirle que la ardilla quería quitarle su campo.
Entonces el alcalde hizo que fueran a juzgar a la ardilla y al conejo. Los jueces le pidieron al conejo que presentara las pruebas que demostraran que el campo era suyo. El conejo dijo:
–    Este es el camino que va desde mi madriguera hasta el campo.
Tanto los jueces como el conejo recorrieron todo el camino que conducía al campo.
Después los jueces también pidieron a la ardilla que demostrara que el campo era de ella. La ardilla dijo:
–    Todos los días voy de árbol en árbol desde mi casa hasta llegar a mi campo.
Entonces los jueces decidieron que la ardilla estaba mintiendo y le dieron el campo al conejo.
Pasado un año, un viernes, el día de la oración, la ardilla se cubrió todo el cuerpo de miel, y se echó por encima de la miel una gran cantidad de ceniza. Además, se puso en la cabeza mucho algodón. Con ese aspecto se fue a la puerta de la mezquita y se quedó tumbada esperando a que salieran de rezar.
Cuando la gente salió de la mezquita todos se preguntaban qué era aquello, pero ninguno lo sabía. Así que decidieron llamar al conejo para preguntarle qué era aquello, puesto que él era el más listo.
El conejo al llegar miró durante mucho rato a la ardilla disfrazada, y dijo:
–    Yo soy muy listo, tanto que pude engañar a la ardilla para quitarle su campo. Pero a pesar de eso no tengo ni idea de qué animal es este.
Al escuchar esto la ardilla se abalanzó sobre el conejo para darle un cachete y dijo:
–    ¡Ya habéis escuchado que me quitó mi campo! ¡Yo tenía razón!
Visto el engaño los jueces hicieron que el conejo le pagara a la ardilla el uso del campo de todo ese año que había pasado y que le devolviera el campo.
Moraleja: Por muy listo que seas, algún día te encontrarás con alguien que lo sea todavía más.

Esta por esa, y seguimos siendo hermanos

Informante/procedencia: Nezha El Hajjaji, Marruecos.

Introducción/información previa: Nezha cuenta que este cuento sirve para explicar una frase que se utiliza cuando entre dos personas una se porta mal con la otra y la segunda se lo devuelve a la primera.


Cuentan que hace mucho tiempo en un pueblo vivía un Cheikh, una persona muy mayor y respetada que mandaba en el poblado. El Cheikh era amigo de Joha.
Un día salió el alguacil con su altavoz a anunciar por todos los barrios que el Cheikh había dicho que a aquel que fuera capaz de dormir toda la noche en el minarete de Kotubia le daría mucho dinero.
Cuando Joha escuchó lo que decía el alguacil fue corriendo a ver a su amigo Cheikh y le dijo:
–    Amigo mío, he escuchado que el alguacil decía que al que duerma toda la noche en el minarete de Kotubia le vas a dar mucho dinero.
–    Sí. Le daré mucho dinero. ¡Vete tú!
Y Joha se fue. Durmió toda la noche en el minarete y a la mañana siguiente fue a ver al Cheikh y le dijo:
–    He pasado toda la noche en el minarete.
–    Demuéstramelo.
–    Yo he visto el humo del fuego del poblado de Bengrir.
Y le dijo el Cheikh:
–    ¡Levántate y vete de aquí! Estabas calentándote en ese fuego.
Joha se fue enfadado y juró que se lo devolvería.
Después de mucho tiempo, cuando ya no se acordaban de lo que había pasado, Joha invitó a su amigo Cheikh a cenar en su casa. Llenó una tinaja con carne y verdura, la colgó en el techo de casa y en el suelo puso una vela.
Llegó el Cheikh y durante mucho rato hablaron y hablaron. Después de mucho rato el Cheikh le dijo:
–    Joha, tráenos la comida. Después del viaje y tanto rato hablando estamos cansados y tenemos mucha hambre.
–    Espera, amigo mío, la cena ya se está cociendo.
Siguieron hablando varias horas más. El Cheikh ya enfadado le dijo:
–    Joha, ¡queremos cenar! ¡Trae ya la comida!
Entonces Joha le cogió del brazo y le llevó a donde estaba colgada la comida. Y le dijo:
–    Lo ves, allí está colgada la comida y allí está el fuego.
–    ¿Eres tonto o qué? ¿Cómo quieres que se caliente la comida que está en el techo con el fuego que está en el suelo?
–    ¿Cómo quieres que me caliente, si yo estaba en el minarete, con el fuego que estaba en Bengrir?
Y le dijo el Cheikh:
Pues es verdad. Esta por la otra, y seguiremos siendo amigos.