El gallego y la décima

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.


En Cuba los cubanos se burlaban, se burlaban de los gallegos. Por brutos, por el choteo cubano. Por bruto, por bestiapata, por alpargata, por tacaño, por rácano, cuando se bañaba… Eso forma parte del folcklore del… de graceo popular cubano. Ridiculizar así a los gallegos. A todos los españoles les dicen gallegos.
Y dice que a una fiesta llegó un gallego, que esto es el cuento irreal, y cuando… todo el mundo:
– ¡Canta, gallego!
Claro, la gracia del gallego.
¡Gallego, canta! Canta una décima. -Una décima o una espinela.-  Canta, gallego. Canta una décima.
– No, no. Yo no canto.
Pues canta gallego. ¡Que cantes!
– ¡Qué yo no canto!
Bueno, ya tanto dieron que el gallego se inspiró y cantó una décima.
Que la décima en Cuba tiene mucha… está muy enraizada, muy… una gran tradición.
Y el gallego cantó una décima ridícula, mal… muy mal cantada. Y cuando acabó dijo:
– ¡Servido, señores!
Y entonces en Cuba mucha gente dice eso, “Servido, señores”, como ya cumplí, ya hice mi servicio.
Esta expresión se utiliza a veces cuando se acaban los cuentos.

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Valdivia y la rana

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.

Introducción/información previa: José Miguel recuerda que es un cuento muy breve que contaba un tío suyo.


Que dice que él iba por un camino y al pasar un arroyo, un arroyuelo, oyó una rana chillando. Y era que una culebra se la estaba tragando y solamente le quedaba la cabeza afuera. Mi tío, me apellido Valdivia, dice que cuando vio la rana, chillando, cogió y sacó el machete. Cogió él la culebra y le picó en la cabeza a rente donde estaba la rana. Cogió la cabeza y sacó a la rana. Y la rana saltó y le dijo:
¡Gracias, Valdivia!

La yegua y los huevos

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.


Un campesino que tenía una yegua que comía huevos. Y entonces, un día todos los nidos, los nidales de las gallinas la yegua se los comía porque en Cuba las gallinas están sueltas. Hacen los nidos donde… en los potreros, en los arroyos, cerca de las orillas de los arroyos, en las riberas, debajo de los árboles… Donde quiera que haya un lugar… un escondrijo, allí los hacen. Y entonces esta yegua… El campesino descubrió que era esta yegua quien se comía los huevos. Y entonces un día cogió y le puso a la yegua en un nido que ella se había comido recientemente, le puso huevos culecos o cluecos, huevos echaos a perder, huevos que no sacan, que no… y entonces se los puso. Y se quedó velando la yegua, a ver cómo la yegua, qué hacía cuando se los comía.  Y la yegua cuando vio, cuando olió los huevos cogió uno con las patas, se tiró boca arriba y comenzó a mirarlo a través del sol, la yegua.

Pedro el bueno y Pedro el malo

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.

Introducción/información previa: José Miguel recuerda que escuchaba a su padre y a su tío cuentos de Pedro el bueno y Pedro el malo. Son cuentos tradicionales cubanos.


Que Pedro el malo una noche utilizó los bueyes a escondidas del dueño de las Tres Fincas, o del dueño de las tres haciendas o de las tres aldeas, o del rey. Se utiliza con diferentes nombres para… de acuerdo  con el narrador que lo utilice*. Los utilizó Pedro el malo y el rey cuando se levantó por la mañana culpó a Pedro el bueno de haberlos utilizado. Y le dijo:
– Si hoy por la tarde no logras meter los bueyes en ese varentierra… –un varentierra en Cuba es un pequeño ranchito, una cabaña, un cortijo, una ispa, una pequeña hacienda, pequeña, a dos aguas hecha con penachos de palma, muy pequeño, para protegerse de los huracanesSi no logras meterlos allí, yo te mato.
Y entonces Pedro el bueno salió a pedir ayuda, a pedir consejo cómo iba a meter los bueyes, si no cabía ni un buey. Y entonces Pedro el malo le dio la solución. Y al otro día por la tarde cuando el rey fue se encontró los bueyes dentro del varentierra.
Pedro el malo los había echo en picadillo y los habían metido dentro del varentierra.

La rana y el escorpión

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.


Un escorpión le pide a la rana que le cruce el río, que le ayude a cruzar el río. Y la rana le dice que no, que tiene miedo. Que le va a clavar el aguijón.
Y el escorpión le dice:
– Serás tonta. ¡Cómo puedes pensar así! Sabes que si te clavo el aguijón me hundo en el río contigo y me ahogo.
– Sí, pero yo desconfío de ti, escorpión. Sé cómo tú eres.
Te prometo que no. Necesito cruzar el río. Tengo los niños del lado de allá, tengo mis pichones, mis crías del otro lado del río y necesito pasar.
Y tanto insistió el escorpión, hasta que la rana accedió y comenzaron a pasar el río con el escorpión encima de la rana. Pero cuando estaban en medio del río el escorpión le clavó el aguijón a la rana. Y la rana le dijo:
– ¿Pero por qué lo has hecho, escorpión?  ¿Por qué lo has hecho si vamos a morir los dos?
Le dijo:
– Perdóname rana, pero es mi carácter. Es mi carácter. Mi condición.

El pájaro del rey

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.


Un pájaro que tenía el rey, que se le escapó. Un pájaro que tenía mucho valor sentimental, emocional para él. Y el rey daba mil monedas de oro al que se lo encontrara.
Y un día un campesino caminando por el monte -el monte allí es bosque, bueno el monte también es montaña pero allá monte es más arboleda-, caminando solo vio el pájaro del rey dormido. Y dijo:
– Mira el pájaro del rey, ahora lo cogeré, tranquilamente, y cuando lo tenga cobraré las cien monedas de oro, me compraré una recua, un arria de mulos, y con el arria de mulos cargaré, tiraré mercancías de un pueblo al otro y me haré rico, y cada día aumentará más el arria de mulos y cuando tenga un arria de siete u ocho mulos levantaré la cuarta, que aquí es como un látigo, y restallaré en el aire y diré: “Mulos, ras”.
Y el pájaro del rey levantó el vuelo y se fue.

El gavilán y la lechuza

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.

Introducción/información previa: José Miguel recuerda que este cuento se lo contaba siempre su padre.


El gavilán es un ave cubana, el ave rapaz más grande de Cuba. Y después está la lechuza. Entonces, las lechuzas en Cuba hacen los nidos en los huecos. En los huecos de los árboles. Entonces un día el gavilán, que es compadre de la lechuza, porque es el segundo rapaz más grande de Cuba de las aves, le dijo:
– Lechuza, voy a ir mañana a comerme los pichones más feos que haya en el árbol ese donde tú habitas. (Donde había varios huecos con diferentes aves que habitaban).
La lechuza tiene fama en Cuba de ser un animal muy feo. El más feo de los animales. Cuando a alguien le dicen feo, le dicen lechuza.
Y entonces le dijo el gavilán:
– Dime cuales son tus pichones para no comérmelos cuando vaya.
Y la lechuza le dijo:
– ¿Mis pichones? Los más hermosos.
Ya sabes, el gavilán fue y se comió… los de la lechuza.

El cocullu y el sapo

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.

Introducción/información previa: José Miguel recuerda que este cuento se lo oyó a su madre.


Dice que en el brocal de un pozo se posó una luciérnaga, que en Cuba se llama cocullu, y en el fondo del pozo había un sapo. Y el sapo le dijo:
–  Acércate cocullu que quiero ver tu luz de cerca.
El cocullu se acercó un poco más sobre el brocal. Y le dijo:
– Acércate más que tu luz me gusta, tu luz me hechiza. Quiero verla más de cerca.
Y el cocullu se acercó un poco más. Le dijo:
–  Acércate más cucullu, acércate más, lo más que puedas que quiero ver tu luz lo más cerca que pueda ser.
Y el cucullu se acercó más, se acercó más y cuando estaba casi al lado del sapo, el sapo, “¡bram!”, se lo comió.
Moraleja: Si tienes luz propia cuídate de los sapos.

El campesino y su caballo

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.


Dice que era un campesino, un hombre que tenía un caballo, que era muy descuidado con su caballo. No lo cuidaba, no le prestaba atención. No le daba comida y lo utilizaba mucho. Y tenía hasta mataduras en el lomo. Mataduras se le dicen a las yagas, a las heridas que le pueden causar en basto, la montura. Y entonces, llegó a tal punto, que tuvo que soltarlo, soltarlo en un potrero para que se le curara.
Y pasó el tiempo, y pasó el tiempo y cuando salió a buscarlo, no lo encontró. Por todo el potrero, un potrero enorme, con las sabanas son infinitas, bueno, son enormes. Y no lo encontró. Y no lo encontraba, no lo encontraba… y ya cansado se encontró una mata de guayaba. Y de momento la mata de guayaba comenzó a estremecerse y comenzaron a caer guayabas. Y cuando él se agachó a coger guayabas… además la mata era muy copiosa, muy… unos gajos guindando, pegando en la tierra, él se agachó a coger la guayaba. Cuando se agachó vio las cuatro patas blancas de su caballo.
En el lomo del caballo le había nacido una mata de guayaba.