El conejo y el elefante

Informante/procedencia:  Harouna Coulibaly, Mauritania.


Todos los años se celebraba una reunión a la que acudían todos los animales a la casa del león, el rey de todos los animales salvajes. Allí se contaban las cosas, discutían y se daban órdenes para el siguiente año.
El conejo salvaje era el animal más pequeño de todos los animales que allí se reunían. Cada año, cuando llegaba la fecha de la celebración de la reunión se ponía en el camino por el que pasaba el elefante. Todos los años cuando el elefante la veía, le preguntaba:
–    Tú, conejo, ¿qué haces aquí?
Dice:
–    Hombre, estoy aquí para ir a la reunión.
–    Yo también.
–    Quiero ir para allá, pero como voy más lento porque soy el más flojo de todos, estoy aquí, caminando hacía allá.
–    Yo también. -Dice el elefante- Bueno, súbete aquí.
El conejo trepaba hasta arriba del elefante y se quedaba en su dorsal. Cuando estaban llegando al pueblo el elefante le decía al conejo:
–    Bájate, conejo.
–    No, elefante, no.
–    Si llegamos allí y tú estás encima mío, la gente va a hablar de mí. Van a decir que te dejo subir y que te llevo. Así que, baja, baja, que ya hemos llegado. Baja.
Al final el conejo, baja.
Aquel año los animales hicieron la reunión y al final el conejo les  dijo a todos:
–    Yo soy el animal más pequeño, pero soy el más listo. Cada año cuando hay que venir a la reunión consigo que el elefante me traiga hasta aquí.
Los animales le respondieron:
–    No, eso no es posible. No. No te creemos.
El conejo les dice:
–    Sí. Sí, sí, sí.
El elefante que estaba oyendo toda la conversación le dijo al conejo:
–    Yo te hacía un favor a ti cada año para traerte hasta aquí y que no te cansaras, y ahora tú se lo cuentas a todos los animales. ¡Eso no es serio!
El conejo le respondió:
–    Pero tú lo haces, ¿no?
–    Sí, lo hago. Pero no tenías que contárselo a los animales.
Tras la conversación todos los animales se fueron.
Al año siguiente, el elefante volvió a la reunión, enfadado.
En el mismo lugar de todos los años, en medio del camino del elefante, se puso a esperarlo el conejo.
Al llegar allí el elefante vio al conejo. Enfadado como estaba le saludó pero no se detuvo como siempre, solo quería pasar. El conejo, viendo que no paraba, lo llamó y le dijo:
–    Elefante, tú, ¿qué? ¿No me preguntas nada? Yo estoy enfermo. Me parece que este año no voy a poder asistir a la reunión porque estoy muy malo.
El elefante le respondió:
–    Vale. Cada año te he llevado, aunque no estabas malo, porque eras el más flojo de todos los animales. Yo te dejaba subir encima de mí, pero el año pasado se lo contaste a todos los animales. Así que ya no pienso llevarte más.
–    Bueno, yo este año me parece que me quedaré aquí porque no puedo ir. Estoy enfermo.
Pero al final el elefante se lo miró y le dijo:
–    Bueno, vale. Sube. ¡Pero no se lo tienes que contar a nadie!
–    Vale.
El elefante cogió una vez más al conejo, lo subió encima de su espalda y empiezó a caminar. Cuando llegaron al pueblo, el elefante le dijo:
–    Conejo, baja. Baja y espabila para llegar tú solo hasta el pueblo.
–    No, elefante, por favor, llévame hasta la casa del león porque de verdad te digo que yo no puedo ni andar.
El elefante se lo quedó mirando, pero como el conejo era más listo, lo volvió a engañar. El elefante lo llevó encima hasta la casa del león.
Allí ya estaban reunidos todos los animales. Los únicos que faltaban eran el elefante y el conejo. Al llegar, todos pudieron ver que el conejo venía montado encima del elefante. El conejo orgulloso dijo:
–    Oh, mirad todos. El año pasado os conté como todos los años me traía el elefante encima suyo hasta la reunión. El año pasado lo negó ¿verdad? Y vosotros  no lo creíais. Y este año ¿qué?
–    Este año, todos vemos que estás encima del elefante.
El elefante enfadado dice:
–    ¡Qué malo eres, conejo! ¡Bájate, bájate!
Y así fue como el conejo engañó una vez más al elefante.
Donde (este cuento) yo he cogido, yo lo he metido.

El clavo de Joha

Informante/procedencia: Nezha El Hajjaji, Marruecos.

Introducción/información previa: Nezha cuenta que este cuento explica una frase que se dice para las personas que son pesadas, que se aprovechan de los demás y que solo miran por su interés.


Joha necesitaba dinero y arrendó su casa a un prestamista. Pasado el tiempo el señor necesitaba recuperar su dinero, así que fue a pedírselo a Joha y le avisó:
–    O me devuelves el dinero o voy a vender la casa y recupero mi dinero.
–    De acuerdo, la puedes vender, pero el clavo que hay en la habitación seguirá siendo mío.
–    Bueno, por un clavo… Pues así será.
Y el señor vendió la casa.
Un día Joha regresó a su casa y llamó a la puerta.
–    ¿Qué es lo que quiere?
–    Quiero ver mi clavo.
–    Pase.
Joha entró, se quitó la chilaba y la colgó en el clavo.
Al día siguiente volvió a su casa, llamó y le dijeron:
–    ¿Pero qué quiere ahora?
–    Voy a recoger la chilaba que está en “mi”  clavo.
Joha recogió la chilaba, en su lugar dejó un camisón, y se fue.
A partir de ese día Joha volvía todos los días, recogía lo que había en su clavo y dejaba otra cosa. Tan pesado se hizo que al final el dueño de la casa se hartó y le dijo:
–    Déme lo que quiera por la casa y quédese con ella.
Y Joha la recuperó por un dinero que no era lo que valía la casa.

Esta por esa, y seguimos siendo hermanos

Informante/procedencia: Nezha El Hajjaji, Marruecos.

Introducción/información previa: Nezha cuenta que este cuento sirve para explicar una frase que se utiliza cuando entre dos personas una se porta mal con la otra y la segunda se lo devuelve a la primera.


Cuentan que hace mucho tiempo en un pueblo vivía un Cheikh, una persona muy mayor y respetada que mandaba en el poblado. El Cheikh era amigo de Joha.
Un día salió el alguacil con su altavoz a anunciar por todos los barrios que el Cheikh había dicho que a aquel que fuera capaz de dormir toda la noche en el minarete de Kotubia le daría mucho dinero.
Cuando Joha escuchó lo que decía el alguacil fue corriendo a ver a su amigo Cheikh y le dijo:
–    Amigo mío, he escuchado que el alguacil decía que al que duerma toda la noche en el minarete de Kotubia le vas a dar mucho dinero.
–    Sí. Le daré mucho dinero. ¡Vete tú!
Y Joha se fue. Durmió toda la noche en el minarete y a la mañana siguiente fue a ver al Cheikh y le dijo:
–    He pasado toda la noche en el minarete.
–    Demuéstramelo.
–    Yo he visto el humo del fuego del poblado de Bengrir.
Y le dijo el Cheikh:
–    ¡Levántate y vete de aquí! Estabas calentándote en ese fuego.
Joha se fue enfadado y juró que se lo devolvería.
Después de mucho tiempo, cuando ya no se acordaban de lo que había pasado, Joha invitó a su amigo Cheikh a cenar en su casa. Llenó una tinaja con carne y verdura, la colgó en el techo de casa y en el suelo puso una vela.
Llegó el Cheikh y durante mucho rato hablaron y hablaron. Después de mucho rato el Cheikh le dijo:
–    Joha, tráenos la comida. Después del viaje y tanto rato hablando estamos cansados y tenemos mucha hambre.
–    Espera, amigo mío, la cena ya se está cociendo.
Siguieron hablando varias horas más. El Cheikh ya enfadado le dijo:
–    Joha, ¡queremos cenar! ¡Trae ya la comida!
Entonces Joha le cogió del brazo y le llevó a donde estaba colgada la comida. Y le dijo:
–    Lo ves, allí está colgada la comida y allí está el fuego.
–    ¿Eres tonto o qué? ¿Cómo quieres que se caliente la comida que está en el techo con el fuego que está en el suelo?
–    ¿Cómo quieres que me caliente, si yo estaba en el minarete, con el fuego que estaba en Bengrir?
Y le dijo el Cheikh:
Pues es verdad. Esta por la otra, y seguiremos siendo amigos.

El pajarito y el sultán

Informante/procedencia:  Fadwa El-Idrisi, Marruecos.


Era un pajarito que iba por el mercado y se había encontrado un trozo de hilo. Había ido al lavandero para que le lave el hilo y se lo dé. Y le dice:
– Yo no te lo voy a hacer.
Y le dice:
– Como no me lo hagas llamaré a mis siete primos para que te coman los ojos.
Y le dice:
– Vale, vale. Lo hago.
Se lo da y se va al costurero, y le dice:
– Quiero que me hagas un vestido, ahora.
Y le dice:
– Yo no te voy a hacer nada.
Y le dice:
– Pues como no lo hagas llamaré a mis siete primos para que te coman los ojos.
Y dice:
– Vale, vale. Te lo hago.
Se lo hace y va al jardín del sultán y empieza a decir:
Tan, tan, lo que tengo yo no lo tiene el sultán.
Tan, tan, lo que tengo yo no lo tiene el sultán.
Y así todos los días. Y un día lo oye el sultán y les dice a sus guardias:
– ¿Qué es lo que tiene él que no lo tenga yo?
– Un vestido precioso.
Y dice:
– Pues quiero que lo atrapéis.
Entonces ponen un chicle en el árbol y al día siguiente viene a decir:
Tan, tan, lo que tengo yo no lo tiene el sultán.
Y lo cogen. Se lo come y lo caga. Y dice:
Tan, tan, el culo del sultán es más grande
que la puerta del mercado

El zorro y los pollos

Informante/procedencia: Khadija Harore, Marruecos


Había una vez un zorro hambriento que merodeaba cerca de tres hombres. Ellos estaban preparando su comida: dos pollos. Mientras los pollos se cocinan los hombres decidieron ir a rezar pensando que al regresar su comida ya estaría hecha. El zorro, muerto de hambre, aprovechó la ocasión y robó uno de los pollos que se estaban cocinando, escapándose después rápidamente para que no lo atraparan.
Al regresar los hombres de hacer sus oraciones se dieron cuenta de que les faltaba un pollo. Se pusieron a observar y vieron que el zorro dejaba un señuelo. Los hombres confiados creyeron que era el pollo robado y corrieron hasta allí para recuperarlo, pero el zorro, mucho más listo que ellos aprovechó el momento para llegar a la cazuela y robar el segundo pollo.
Los hombres corrieron a la cazuela para ver que era lo que quedaba, y no pudieron hacer otra cosa que reírse de su ingenuidad y aceptar como el zorro les había engañado robando también el segundo pollo.

El zorro astuto

Informante/procedencia: Khadija Harore, Marruecos.


Érase una vez un zorro que vivía con su familia en una madriguera debajo de un árbol. Cerca de la madriguera vivían tres hermanos que tenían tres granjas: una de patos, otra de pollos y otra de cerdos. Todos los días el zorro robaba en las granjas. Un día los tres hermanos se reúnen cansados de tantos robos y decidieron ir a matar al zorro. Los tres hermanos se apostaron a la puerta de la madriguera para coger al zorro y deciden destruirla con una [grúa].
El zorro y su familia idean un nuevo plan porque no pueden salir de la guarida. Durante días hacen nuevos túneles que van directamente a las granjas mientras los tres hermanos siguen apostados a la puerta de la madriguera sin imaginar que el zorro sigue robándoles sus animales.

Pedro el bueno y Pedro el malo

Informante/procedencia: José Miguel Valdivia Bernal, Cuba.

Introducción/información previa: José Miguel recuerda que escuchaba a su padre y a su tío cuentos de Pedro el bueno y Pedro el malo. Son cuentos tradicionales cubanos.


Que Pedro el malo una noche utilizó los bueyes a escondidas del dueño de las Tres Fincas, o del dueño de las tres haciendas o de las tres aldeas, o del rey. Se utiliza con diferentes nombres para… de acuerdo  con el narrador que lo utilice*. Los utilizó Pedro el malo y el rey cuando se levantó por la mañana culpó a Pedro el bueno de haberlos utilizado. Y le dijo:
– Si hoy por la tarde no logras meter los bueyes en ese varentierra… –un varentierra en Cuba es un pequeño ranchito, una cabaña, un cortijo, una ispa, una pequeña hacienda, pequeña, a dos aguas hecha con penachos de palma, muy pequeño, para protegerse de los huracanesSi no logras meterlos allí, yo te mato.
Y entonces Pedro el bueno salió a pedir ayuda, a pedir consejo cómo iba a meter los bueyes, si no cabía ni un buey. Y entonces Pedro el malo le dio la solución. Y al otro día por la tarde cuando el rey fue se encontró los bueyes dentro del varentierra.
Pedro el malo los había echo en picadillo y los habían metido dentro del varentierra.