El ánima de Santa Helena

Informante/procedencia: Elkin Marín, Colombia.

Introducción/información previa: Elkín recuerda que por la tarde se reunían todos sus primos con sus abuelos a rezar el Rosario y después oían historias que les contaban los mayores. Entre esas historias recuerda la del ánima de Santa Helena.


Era un 16 de enero con la brisa mañanera
cuando escuchaba yo el canto de la pava montañera
en los copos de un almendro lamentaba la tragedia
sucedida en el parrando, casa de Ramón Herrera.
Y fue cosa de lamentar, como algunos lo creyeran,
por amor a una mujer dos hombres dieron pelea
entablando discusión por tan delicada belleza
siendo asunto del destino que la inocente muriera.
Les cantaré como historia lo que vi desde la puerta
con el ojo entredormido, como gavilán de sierra,
contemplando aquel desorden como venado en gallera
y lo que vino después de esta fiesta sabanera.
Es ley del llanero darle la mano al que llega
el que está adentro se atiende y el que está afuera se apea
y con gran algarabía se le abre la talanquera
como si fuera un hermano que de otra tierra viniera.
Y siguiendo este relato se desenvolvía la fiesta
en el ato de don Ramón, un hombre de gran faena,
de esos viejos llaneros que no toman caldo de lengua
para decirle verdades a cualquier sute de escuela.
Se festejaba el cumpleaños en albor de primavera
a una linda catira como la flor azucena
y fueron 15 años los pétalos los que a mí me dieran pena
que fueran a marchitarlos abejas de otra colmena.
Sonaban golpes llaneros en el arpa sabanera
era el joropo altanero anunciando la tragedia
recordaba a Florentino y su sombría leyenda
cuando vi llegar a dos hombres, parecía que el diablo fueran.
Serían las 6 de la tarde, pasó la garza morena
y cantando el alcaraván dieron su luz sus espermas
se escuchaba en la cañada algarabía de chenchena
y en el estéreo lejano se alzaban garzas paleta
Relinchó el caballo, conmovió a la concurrencia
amorraron sus monturas, acomodándoles sueltas
se quitaron el sombrero pero entraron por espuelas
venían con el traje negro, revolver y cartuchera.
Saludando el primero, con ademán de fiereza,
se dirigió al artista manifestándole una seña
fijó la vista al contorno y como buscando querella:
“Yo vengo de Santa Rita, contrapunteo con cualquiera.”
Los nubarrones del cielo dieron paso a las estrellas
la brisa se disipó dándole a la luna mas fuerza
que así cubrió a la sabana y suavizó los hilos de seda
mientras que en aquella montaña se oían rumores de fieras.
Un mocetón bien llanero, con mirada de gacela,
se prendió de las maracas y con revuelo de muñeca
marcando un sumba que sumba, contrapunteó la pieza
manteniendo furia y cantándole al fogón con leña seca.
“Yo soy gavilán, primito, cuando me enfrento a la presa
soy un toro cimarrón que no doy ni lo alcanza la bestia
soy código de valor, con ley de naturaleza
si me saludan, saludó; si me la buscan, me encuentran”
Con grito y zapateo contrapunteó la concurrencia.
Las muchachas comentaban: “Aquí comenzó la fiesta”
y los viejos se levantaron y empinaron la botella,
la gente se fue agolpando para escuchar la respuesta
“Mi nombre lo tengo escrito con el poder y la fuerza
de estar oyendo mentiras tengo la barriga llena
yo soy el hombre que en vida se llevará esta doncella
catirita, ojos azules, a quien le brindan la fiesta”
“Quién a visto que un padrón se deje quitar la yegua
por un caballo capón, de engorde y para la venta,
yo de esto estoy muy seguro y me atrevo a cerrar con apuesta
acomódese el sombrero, cuñao, buen viaje y peseta”
Y no terminó la copla cuando se armó la pelea
metieron las manos a las armas y a la luz de las espermas
querían demostrar con esto que el que menos corre, vuela,
y con el cantar de los gallos se dividieron las cuentas.
El que prendió la furrusca quedó mirando la puerta
con un balazo en la frente, fruto de su querella;
pero una bala de su arma, una bala traicionera,
marchitó los 15 albores, de aquella flor azucena.
Se fue oscureciendo el cielo y brillaban las estrellas
el arpa tocó un lamento una tonada llanera
canto el guaitacaminos, se oían relinchos de bestia
y por la inmensa llanura galopaba quien viniera.
Con igual cobardía, y como apostando carreras,
se fue alejando un amigo, que acompañó en la reyerta,
a un jinete forastero del hato Santa Helena
aborreciendo la vida del llanero de estas tierras.
Si a mí no me lo preguntan, tampoco suelto la lengua,
el que no baila se sienta, el que no baila peca,
me gusta ser lo que soy para mostrar mi conciencia
sucedió en el Cinaruco, frontera con Venezuela.
Aquí termina el relato que mi memoria recuerda
y dicen que por cada año marcando la fecha
se ve una blanca figura de inigualable belleza
alejando a los forasteros del hato Santa Helena.

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Pacha y sus hijos en un tiempo muy remoto

Informante/procedencia: Ángeles Macias, Ecuador

Introducción/información previa: Leyenda ecuatoriana


En el Ecuador vivió un semidios llamado Pacha. Era conocido por ser un valiente guerrero, muy temido y respetado por los pobladores y vecinos.
Un día mientras paseaba en compañía de sus tres hijos le salió al encuentro una enorme serpiente con la intención de alcanzarlos. Pacha y sus hijos entablaron una feroz contienda para matar a la serpiente.  Mas sus esfuerzos fueron vanos, lo único que consiguieron fue que el reptil comenzara a vomitar agua.
Muy pronto la tierra comenzó a anegarse y Pacha con sus hijos presintieron que algo malo ocurriría. Fueron rápidamente a buscar a sus mujeres para refugiarse en las altas montañas. Así, corriendo, llegaron hasta la cumbre del Pichicha, que era el único lugar que no fue cubierto por el agua.
Desde aquel día Pacha no volvió a ser el mismo valiente guerrero y para si se decía:
–   Si he sido capaz de enfrentarme con tantos animales feroces ¿por qué no he podido vencer a esta serpiente?
La tristeza embargó a sus familias y, el  hambre y el frío hicieron estragos en su salud, a tal punto, que casi no se dirigían la palabra entre ellos.
Mas una tarde en que Pacha seguía cuestionando su actuación vio un cuervo y le ordenó que volase por los alrededores en busca de un vestigio de vida.
Después de un día el pájaro regresó con una rama en el pico y muy alegres emprendieron el descenso llegando hasta donde hoy se levanta la ciudad de Quito. Decidieron permanecer en ese lugar y construir sus casa.
Cuando Pacha quiso comunicarse con los demás miembros de la familia descubrió que nadie le entendía y que, además, ellos hablaban de forma diferente. Sin embargo, todos se quedaron a vivir en el lugar y allí nacieron los descendientes de los hijos de Pacha que aprendieron el mismo idioma de sus respectivos padres.
Fue así como se dio origen a las diferentes lenguas indígenas que se hablan en el Ecuador.

La Llorona

Informante/procedencia:  Javier Hernández, Argentina.


La Llorona era una mujer que le había abandonado la familia, por pecados y cosas malas, y estaba destinada a vagar buscando una familia. Entonces, cuando había noches de tormenta les decían:
– Vamos a la cama que es la hora de la llorona.
Las doce de la noche o la medianoche. Entonces se supone que salía la Llorona a buscar una familia que la acogiera. Lloraba arrastrando cadenas o haciendo sonar campanas, deambulando por la calle, buscando eso, una familia.
A veces, lo que hacía era llevarse los niños a los que les daba cariño. Se supone que se los llevaba a su casa y lo que quería era tener o dar cariño. Tener a alguien.
Entonces también era un personaje de… sobretodo de las tormentas y del frío. Hay muchísima gente que está segura de haber oído a la Llorona.

El Lobizón

Informante/procedencia:  Javier Hernández, Argentina.

Introducción/información previa: También está la historia del Lobizón, que en realidad es el hombre lobo. El Lobizón es un lobo-hombre. Y también está quién lo ve, actualmente incluso, lo ve por la noche. Normalmente describen, eso, un bulto negro que te persigue.

En Argentina hay una leyenda… un cuento criollo, muy popular, que es el de “Nazareno Cruz y el lobo”. Y es eso.


Nazareno Cruz, un hombre normal y corriente que se convierte en lobo porque era el séptimo hijo varón de una familia y estaba destinado a convertirse en lobo. En hombre lobo. La cuestión es que eso, que pulula luego… pero curiosamente tampoco es un personaje malo. Quiero decir, más bien te da pena, ¿no? Es alguien que está condenado a vivir así, contra su voluntad.
– ¿Y también se vuelve en la luna llena?
– Sí, sí, sí. La historia es la del hombre lobo universal. Lo que pasa que se le llama Lobizón.
Incluso mi padre contaba una historia… que en la mili, que allí se llama la colimba, era obligatoria en esa época y para algunos era bastante traumática. Y entonces había momentos de mucho miedo, mucha soledad y según donde te tocará hacerla, a lo mejor en un rincón muy alejado del país, muy rural, muy… te tocaba hacer guardia en plena noche de temporal…
Y mi padre contaba que una noche de guardia le tocó encontrarse con un Lobizón. Pero bueno, él describía eso, un bicho oscuro, también peludo, negro, que se le había aparecido y del que él pudo escapar. No le pilló.

La culebra madre

Informante/procedencia:  Javier Hernández, Argentina.


Yo tengo mi abuela materna que es, era brasileña. Nacida en Brasil. Y ella siempre me contaba una historia de una culebra que… Lo que pasa que ella me lo contaba como algo que le había pasado a ella, pero que también solía sucederle a más madres.
Mi abuela trabajaba en los cafetales, con lo cual sus primeros hijos, y además todas sus compañeras, daban a luz en el cafetal. En la naturaleza, ¿no? de manera muy precaria. Entonces, muchas veces, cuestiones relacionadas con la maternidad se las resolvían ellas mismas porque no tenían acceso… el acceso al médico era muy lejano.
Cuando las madres no tenían suficiente leche o no les llegaba o lo que fuera, había una culebra madre que venía por la noche, se prendía del pezón de esta mujer y conseguía que saliera la leche. Succionando la culebra conseguía que saliera la leche. Entonces, la leche de la culebra le llamaban, porque era la que… era producto de eso, era muy buena y fortalecía al niño. Y mi abuela creía muchísimo en esa… Era muy supersticiosa y entonces ella contaba esta historia con naturalidad, como si realmente hubiera visto la culebra o la hubiera sentido.
Y yo de pequeño me acuerdo que… no sé, me lo creía y me llamaba muchísimo la atención, y le decía:
– Abuela, ¿pero cómo una culebra te va a morder la teta y no te va a hacer daño? –por ejemplo- o ¿no te va a envenenar la leche?
Dice:
– No, no, no. Es que es una culebra madre y ella sabe que, como madre sabe que necesitas la leche y no sé qué, y lo hace con bondad.
Y eso, ella creía a rajatabla en la culebra madre.
Y luego me enteré que era una creencia bastante popular, que sucedía. Yo luego conocí a hermanas más mayores de mi abuela que también contaban la misma historia, sí, sí, de la culebra madre.

El Pombero y la familia de Normita

Informante/procedencia:  Javier Hernández, Argentina.

Introducción/información previa: Javier explica que el Pombero es una versión cuaraní de un duende. En cuaraní se llama KARAI PYHAR, muy peludo, bajito y de piernas cortas. Tiene los pies al revés para despistar al que siga sus huellas. En realidad siempre busca un poco de tabaco y caña (aguardiente). Tiene la habilidad de transformase en otro animal o, incluso, cosa. Por ejemplo, dicen que el Pombero es el que canta como una chicharra en las horas de la siesta o el que te silva en la selva para alejarte de animales peligrosos.

Es un personaje típico de una zona limítrofe de Brasil y Paraguay. Hace mucho calor y la hora de la siesta es una hora de mucha fantasía, la gente se guarda por el calor y hay muchos mitos sobre peligros de la hora de la siesta y muchos personajes que andan fuera de las casas a esas horas.

Donde viven las familias de pescadores en las islas del Paraná, el río que divide Misiones corrientes de Brasil y Paraguay proveniente del Amazonas, se dan unos ciclos de inundaciones muy potentes, porque el Paraná es un río que tiene muchísimo caudal. Entonces llega un momento que inunda todo y la gente si no se pone a salvo a tiempo lo pasa mal, pierde todo. En la zona donde él vivía tenía dos kilómetros de ancho.


Le atribuyen al Pombero un hecho bueno que era que a una familia de pescadores, la familia de Normita, un día le desaparecieron los hijos. No los encontraba por ningún lado. En esa madrugada se sobrevino la inundación y la casa se quedó… se perdieron animales… Se murieron todos los animales que tenían: los cerdos, las vacas… Y claro, ella pasó muchísima angustia porque además no tenía a sus hijos. Cuando bajaron las aguas, que ella empezó a recuperar poco a poco las cosas de su casa aparecieron sus dos hijos en una de las habitaciones de la casa.
El Pombero se había llevado a estos niños para salvarles de la inundación y luego se los devolvió.
Entonces el abuelo de la casa le dijo a Normita que había que gratificar al Pombero y que había que ponerle un poco de tabaco y una copa con caña en gratificación. Y Normita hizo eso y, efectivamente, a la mañana siguiente no estaban ni el tabaco, ni la caña (aguardiente).

El cuento de la Sayona

Informante/procedencia: Uxue Irizar Correa, Venezuela.


La Sayona era una mujer muy, muy hermosa que se les aparecía a los hombres, más que todo por los llanos venezolanos, en la noche. En general era por las carreteras. Y en general era también a aquellos que eran muy bebedores, infieles a sus mujeres y mujeriegos.
Esta mujer era muy, muy bonita. Y ella se ponía como en las esquinas de las carreteras y los hombres al verla se quedaban impactados y paraban sus coches. Y ella les pedía fuego para encender un cigarrillo o les pedía conversación, o les decía que iba más adelante, o… bueno.
Y ellos, todos contentos, dejaban que se sentara en el coche y cuando ella ya sentía que ellos ya se estaban enamorando de ella, cambiaba su cara en calavera. Entonces el hombre o hacía un frenazo muy fuerte o le causaba un accidente, o más que todo, el miedo que le daba, se enteraba de que era la Sayona. Y así.
Siempre hay lugares en Venezuela que se les dice: “Cuidado que te va a aparecer la Sayona o por allí se aparece la Sayona”. Pero en realidad lo que esta mujer bonita y con cara de calavera lo que quería era asustar a estos hombres para que no buscaran más mujeres.
Sí, parece que era un personaje muy aterrador.